
| Facilitación del cambio y gestión del cambio con enfoque sistémico |
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| “Las Tres Leyes del Cambio” Autor: Agustín Jiménez (2006) agustin@cauac.com www.cauac.com Una pregunta que surge cuando se habla de cambio es ¿por qué a veces es tan fácil cambiar y por qué otras veces no? Desde mi punto de vista esta diferencia radica en tener la actitud correcta para cambiar, la cual depende de tres aspectos que llamo “las tres leyes del cambio”. Cuando estos aspectos confluyen, el cambio se da con facilidad y fluye, si no, sucede todo lo contrario. Las “tres leyes” son:
a lograr el resultado que nos hemos propuesto. El deseo surge de tener una razón poderosa y creer profundamente en ella. El deseo es la chispa que nos da el impulso para arrancar con fuerza y mantener la motivación durante el proceso de cambio. De ahí que el cambio verdadero y profundo sea imposible de alcanzar por la vía de la imposición. Esa es la razón por la cual cuando el cambio se impone, la gente se opone. Evidentemente, es posible imponer cambios, pero apenas desaparezca el factor de poder que doblegó a quienes los aceptaron, inmediatamente se regresará al estado anterior de las cosas.
lograr lo que nos proponemos. El valor es el fuego interno que nos brinda la fuerza para perseverar sin importar el esfuerzo que el cambio requiera y para sobreponernos a los obstáculos que se nos presenten por el camino. Para lograr los cambios no hay campo para amilanarse frente a las dificultades, ni de encogerse frente a los retos.
que impone cambiar. Muchas personas, por temor, prefieren una estabilidad mediocre a un cambio que genere progreso. Estas personas normalmente son las que se esconden detrás de frases como:
de superarlos e ir más allá.
sucedan. Es muy fácil hablar sobre cambio, pero es muy distinto llevarlo a cabo. Cambiar implica entrar en acción, porque de otra manera el cambio se convierte en una simple ilusión. Es importante señalar que la acción empieza con la planeación, la cual asegura una mejor gestión del proceso de cambio, reduciendo así significativamente la posibilidad de fracasar en el intento. La acción es el combustible que aviva la llama del valor, porque la motivación crece en la medida que vamos alcanzando resultados que nos van acercando a nuestro cometido. Por lo tanto, la próxima vez que quiera realizar un cambio, antes de emprenderlo, pregúntese si tiene la chispa, el fuego interno y el combustible para lograr lo que se propone. |